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APORTE DE FEDECCAL PARA ESPECIAL MODA, INSPIRACIÓN 1967, REVISTA PAULA.

¿Dónde nos vestíamos hace 50 años?

Un mapeo a la oferta de ropa, zapatos y moda cuando la industria nacional estaba protegida, el handmade, más que una tendencia, era una necesidad, e imperaba la copia Made in Chile de las tendencias que surgían en Europa. El escenario antes de los malls, de las hasta 52 colecciones anuales del retail y de las compras online.

Por Consuelo Terra

En 1967 los tratados de libre comercio y las compras online tipo Aliexpress habrían sido algo impensado e, incluso, antipatriótico. El “Made in Chile not in China”, que usa actualmente la marca de zapatos chilenos Bestias, era ley. Estaba prohibida la importación de productos manufacturados que pudieran competir con los que se hacían en el país. Apegado al modelo desarrollista de la Cepal, el gobierno de Frei Montalva promovía y protegía la industria nacional. Eso, junto a la modernización tecnológica, llevaron a que los 60 fuera la década de mayor auge de la industria textil y de vestuario en Chile. ¿Y si uno quería un vestido que estaba de moda en Francia? Ni un problema. Se podía adquirir una linda imitación Made in Chile.

 

Auge textil y zapatero

Si hoy apenas un 7% de la ropa que usan los chilenos es confeccionada en el país y más del 80% es importada desde China, en los años 60 los sectores de textil y de vestuario satisfacían el 97% de las necesidades nacionales. Las grandes empresas Yarur, Súmar, Hirmas, Said y Pollack, además de otras textiles pequeñas y medianas, abastecían al mercado interno.

El lino que abastecía a las textiles se cultivaba en Osorno y el cáñamo en San Felipe y Los Andes. El algodón y la lana se importaba, pero en bruto. “No es que a Yarur llegara el hilo de algodón listo. Llegaban los fardos sucios”, cuenta Acacia Echazarreta, curadora del Museo de la Moda. “El algodón se limpiaba, se cardaba, se torcía, se hilaba, se tejía, teñía y se estampaba. El proceso completo se hacía en la fábrica”. Las novedosas telas sintéticas, como el acrílico y el nylon, también se fabricaban en Chile con licencias compradas a empresas norteamericanas y europeas. La historiadora Pía Montalva, en su libro Morir un poco, hace un recuento: Sedamar procesaba en Chile la Dunova, fibra acrílica propiedad de Bayer. Súmar fabricaba el ban-lon, un tejido de punto y el duchesse, una tela plana satinada, ambas con licencia norteamericana. Textiles Comandari elaboraba el orlon, una fibra acrílica de DuPont, que por su liviandad y resistencia se transformaría en el material favorito de las nuevas diseñadoras a mediados de los 60 para fabricar abrigos, pantalones y vestidos.

En 1967 las chilenas solo podían comprar zapatos hechos en Chile, hechos en cuero natural y materias primas nacionales. A diferencia de lo que ocurre hoy, en que un 90% del calzado es importado, la industria zapatera estaba protegida por el Estado. Había grandes fábricas como Orlando, Mingo, Royle, Joya, Gacel y Bata (perteneciente a la Bata Shoe Organization), que dominaban el mercado local y concentraban sus tiendas en Santiago Centro. “En 1967 las empresas grandes se imponían a las chicas. Hoy, en cambio, se imponen las fábricas pequeñas de rápida adaptación a las tendencias de mercado”, dice Pedro Beriestain, director gerente de la Federación Gremial del Cuero y Calzado de Chile (Fedeccal).

Ese año estaba de moda un zapato más geométrico, de punta cuadrada y tacones bajos, que reemplaza al taco aguja y punta aguzada de principios de los 60. Sin embargo, era un rubro más lento para adoptar las modas. La marca más vanguardista era la desaparecida Orlando, la primera en hacer modelos parecidos a los zapatos Roger Vivier con la hebilla bucle plateada que usó Catherine Deneuve en la película Belle de Jour, de Buñuel, que causó alto impacto en el 67.

Paula 1234. Sábado 9 de septiembre de 2017. Especial Moda, inspiración 1967.

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